Muy contento con la reseña que ha aparecido recientemente en la conocida página web Anika Entre Libros. ¡Gracias!
Muy contento con la reseña que ha aparecido recientemente en la conocida página web Anika Entre Libros. ¡Gracias!
El cuerpo viaja en avión y el alma viene nadando.
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En el avión dormimos con mujeres desconocidas.
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Las despedidas de emigrantes se vivían como extraños funerales multitudinarios, en los que los familiares partían al más allá en cuerpo y alma, en enormes y humeantes barcas de Caronte.
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A veces, las nubes viajeras sienten súbitos impulsos de echar raíces. De ahí los relámpagos.
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Como el Estrecho de Magallanes, la vida no es un lugar para quedarse.
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En la estación de trenes, silencio de catedral. Postura de orantes de los viajeros consultando sus móviles.
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Una araña zancuda muy segura de sí misma camina a toda velocidad desde el mueble del televisor hasta el sofá, por el que trepa con facilidad. En otro sector, una hormiga exploradora, que nunca jamás llegará a cruzarse con la araña anterior, atraviesa errática una gran baldosa blanca. Dos moscas que han venido de no se sabe dónde, ahora se dan de topetazos contra el vidrio. Una ruidosa libélula viene a hacerles compañía a las moscas del cristal, y las tres parecen encontrar un placer recóndito en quejarse del mundo. Un gorrión entra por la puerta principal, se posa momentáneamente en la moldura del techo, y sale a continuación por la puerta del patio trasero. Hay otras dos o tres especies de insectos, de las que desconozco el nombre, cruzando el aire: algo parecido a un saltamontes minúsculo que impacta en mi rodilla; otra forma esbelta y bella, voladora, que baila en la luz sus bailes sutiles de hada. Y ambas especies autóctonas me hacen sentir extranjero. Llego a la conclusión de que mi sala de estar es un espacio público, una especie de estación de autobuses del ajetreado mundo animal, en la que yo apenas soy una presencia extraña más o menos tolerada, un vagabundo al que temporalmente se le permite vivir por aquí.
Acaba de salir de imprenta la renacida antología T.ERRORES, organizada por José Luis Pascual desde la página web Dentro del Monolito, ahora con el respaldo de Ediciones Medina, editorial independiente recién creada en Murcia (España).
Los 24 relatos vienen ahora ilustrados por inquietantes y sugerentes obras de Lucyna Adamczyk.
Participo orgullosamente en esta antología con el relato "Mulher Jaqueira".
Se puede adquirir el libro desde aquí.
Resulta que, en una mañana libre, me puse El lago de los cisnes y un café con leche y me senté a escribir frente a la ventana que mira al Corcovado. Pero antes de empezar me distraje observando las palomas que revolotean cada día por las azoteas. Me pareció que entrecruzaban sus vuelos al son de la música, que bailaban para mí con un gusto exquisito, como si hubieran ensayado durante años para la ocasión. En principio me hizo muchísima gracia, y hasta les aplaudía. Cada una traducía en vuelo el sonido de un único instrumento. Una veloz hacía su entrada por el marco de la ventana en el mismo instante en el que un clarinete comenzaba a hablar, batía las alas y trazaba curvas como si tuviera frente al pico una partitura de volar, y se escondía tras una chimenea justo en el momento en el que concluía la frase musical. Cuando el arpa y el violín se demoraban, aparecían dos palomas planeando contra el viento, a una lentitud de maravilla. Se sumaban dos instrumentos, y otra pareja de lomo soleado aparecía por otra esquina del escenario y cruzaba su vuelo en exacta simetría. Entró toda la orquesta, y la bandada entera de decenas de palomas pasó frente a mí con alborozo. Destacaba entre todas ellas una blanquísima que debía de ser la primera bailarina. Al cabo de un tiempo, otra solitaria y gris, buscadora, descendió y ascendió en una curva perfecta camino de mi azotea, y su pecho brilló al sol muy cerca en el segundo exacto en el que brilló una nota magnífica. No hubo ni un solo error, y sí abundantes momentos de gran belleza y perfección técnica, durante más de dos horas, repito, durante más de dos horas, en el transcurso de las cuales yo fui pasando de la mofa de mí mismo a la sospecha y, por fin, al asombro mayúsculo. No me quedó más remedio que admitir el milagro. Supuse que cuando Dios montó las piezas del universo y le dio cuerda, ya había previsto este efecto de palomas. Lo difícil es ahora comprender el sentido de un milagro tan gratuito, y tan aparentemente laico, que ni la paloma blanca lucía aureola. ¿A qué amañar semejante prodigio de coincidencias ante los ojos de un único individuo, que además carece de cualquier crédito ante sus semejantes debido a su cultivo del cuento fantástico y su tendencia al pensamiento mágico? ¿El haber sido testigo de este milagro contará para mi proceso de canonización?
Es cierto que no todos los milagros son espectáculos de masas, y que desde la separación de las aguas del Mar Rojo hasta las apariciones de la Virgen ante unas pocas personas humildes se pudo apreciar una evidente evolución en el estilo, una marcada tendencia al intimismo. Lo que ocurre es que en algún momento la Iglesia se detuvo a crear su particular poética de los milagros, arrogándose la potestad no tanto de afirmar lo que es un buen milagro en toda regla frente a lo que es un milagro mediocre (sin calidad, poco innovador, para el consumo de masas, etc.) sino que, yendo aún más lejos, se atrevió a fijar la frontera que separaba el “milagro” del “no milagro”.
De esta manera, como en tantas otras cosas, la Iglesia inmovilista muy pronto se quedó por detrás de su tiempo, pues los milagros siguieron evolucionando, pero la Iglesia se negó rotundamente a aceptar los que eran más vanguardistas y rompedores.
La realidad es que en la época contemporánea los milagros han continuado desprendiéndose de esa antigua espectacularidad casi grandilocuente del Antiguo Testamento y han ido perdiendo el relumbrón de antaño para ceñirse a lo esencial, reduciendo su tamaño y visibilidad, refinándose, haciéndose más sutiles y confirmando que estamos inmersos en una etapa minimalista de lo sobrenatural.
Existen hoy en día apariciones marianas milimétricas, resurrecciones de moscas del vinagre, personas que levitan de una manera tan sutil que no llegan a despegarse del suelo, guijarros negros que hablan solo cuando nadie los ve, y partículas elementales que surgen de la nada y se van transformando en otras partículas en periodos de tiempo infinitesimales, que a nivel subatómico viene a ser, para que nos entendamos, lo mismo que si de repente surgiera de la nada una mujer, y esta se transformase en laurel al poco tiempo, y después en piedra, y acabase finalmente como sonoroso arroyo.
(Texto del libro inédito Otra vez la magia)
En octubre, la revista El Templo de las Mil Puertas publicó una reseña de El Fantasmatrón, pero en Tediópolis solo nos hemos enterado ahora.
Muchas gracias a Natalia Aróstegui por sus palabras. ¡Esperamos que los próximos "episodios" de la serie le gusten tanto o más que esta primera entrega!
La segunda aventura ya está en preparación...
• Subamericano.
• Domesticar piedras.
• Himaiki: en japonés, sensación que se experimenta al depararse por sorpresa con un gran árbol cubierto de flores blancas.
• Las fugas de cerebros entroncan en el gran movimiento de la fuga de estómagos.
• Para obtener buenas cosechas, los campos han de ser regados por las noches con cantos de grillo.
• La física cuántica se dedica a describir los milagros nanométricos.
• Una fragilidad indestructible.
• Después de un largo paseo olisqueándolo todo, los perros sienten un considerable cansancio intelectual.
• A menudo, la construcción de las grandes catedrales se prolongaba durante varios siglos. En todo ese tiempo, y mientras esperaba pacientemente el momento de mudarse, Dios vivía en el campo.
• En el Día del Indio, las hormigas cargan hojitas verdes en la cabeza.
• Como la inteligencia no puede ser humilde y sumisa, con frecuencia se la confunde con arrogancia. De ahí que no pocos opten por ser arrogantes para que se les confunda con inteligentes.